En nuestra última etapa de unos 20 km, nos levantamos como todos estos días tempranito, después de vestirnos adecuadamente, poner nuestros pies a punto y hacer estiramientos para comenzar la marcha. A pocos metros de donde nos habíamos hospedado comenzaba el camino, anduvimos durante un par de kilómetros entre hojarascas , seguimos junto a la carretera hasta dar con un bar donde paramos a desayunar, un cafelito y unas tostadas. Seguimos la ruta por un sendero entre bosques de eucaliptos y después de pasar varias aldeas, cruzar la n-547, entramos en el municipio de Santiago de Compostela , continuamos al pie de alguna que otra carretera, llegamos a los alrededores del aeropuerto, cuando íbamos andado por este lugar sentimos un ruido bastante fuerte y al poco rato apareció un avión que nos impresionó de lo bajo que volaba, acababa de despegar. Más adelante vimos la valla que rodeaba el perímetro del aeropuerto repleta de cruces hechas de ramitas de los árboles y alguna que otra camiseta con dedicatoria. Más adelante, pasamos por el rio Villamaior, cuentan que era donde los peregrinos se lavaban antes de llegar a Santiago, quedan 10 km. A continuación pasamos por la TVG y por TVE, por aquí nos encontramos a un matrimonio, estuvimos hablando con ellos, nos comentó que su hijo también quería hacer el camino pero por cuestión del trabajo no podía hacerlo con ellos, para el año que viene lo haría, los esperaba en Santiago. Nosotros tuvimos que parar un ratito y ellos siguieron.
Poco antes de llegar al Monte do Gozo empezó a lloviznar, enseguida nos pusimos los ponchos impermeables, pues se veía que el día era de lluvia, efectivamente al poco siguió una lluvia más fuerte, nos encontramos con un pequeño bar que parecía que estaba hecho de madera y aluminios, entramos y nos tomamos un tentempié de media mañana y así esperaríamos un poco por si la lluvia remitía un poco. Vimos que llovía menos y decidimos continuar, pero fue una falsa tregua, la lluvia fue en aumento, pero ni por esa nos acobardamos , nosotras seguíamos caminando. Subimos la famosa cuesta del Monte do Gozo, muy emocionadas y con ilusión para ver todas juntas y a la vez la Catedral, allí había un monumento construido en el año Xacobeo de 1993, nos propusimos cerrar todas los ojos y abrirlos a la vez para ver la Catedral, nuestra sorpresa fue que no se veía nada pues estaba todo nublado, todo fueron risas, mira que no caer que al estar lloviendo estaba todo nublado y que no se vería nada, pero teníamos ese entusiasmo. Nos hicimos unas fotillos en grupo junto al monumento y después entramos en la pequeña Ermita San Marcos, estaba muy oscura y creo que sólo se alumbraba con la luz de algunas velas, allí sellamos nuestra credencial.
Después de bajar unas escaleras recorrimos varias calles (ruas), cruzamos la avenida de Lugo, para seguir por otras ruas, pensábamos que ya estaría cerca la Catedral, pero aún nos quedaba un poco hasta llegar al casco antiguo, ya por aquí nos paramos en una tienda a comprar las calabazas del peregrino. Había dejado de llover.
Cuando entramos bajos el Arco del Palacio, había un hombre tocando la gaita, decidimos ir cogidas de la mano para entrar en la Plaza do Obradoiro, estábamos muy nerviosas, pues era mucha la emoción de haber llegado después de 6 días y de todo lo andado, lo que más nos emocionó fue ver a nuestros familiares allí esperándonos,todos vinieron corriendo a darnos un abrazo y muchos besos. Era inevitable que cayeran algunas lágrimas de alegría, ¡fué un momento inolvidable! que lo plasmamos en fotos, luego fuimos a recoger la credencial que también fue un momento muy emocionante, era como la recogida del reconocimiento al esfuerzo y recogimiento que hemos tenido en este caminar. También entramos en la Catedral a ver a Santiago de Compostela, dándole gracias por el Buen Camino que realizamos.
Al día siguiente fuimos al faro de Finisterre, allí van los peregrinos y queman alguna de su ropa o zapatos que han usado en el camino, se pueden ver algunas ropas colgadas en un poste de antena y zapatos que allí dejan. Pero lo más impresionante es ver unos acantilados preciosos y una vista maravillosa desde una altura que da vértigo.
Nos quedamos unos días más, pues alquilamos un caserón por la costa de la muerte donde estuvimos todas las familias, y tanto los mayores como los niños pasamos unos días estupendos, pero esa es otra historia a contar.