sábado, 11 de diciembre de 2010

4 de septiembre de 2010

                                                  

   Aún de noche,  bajamos a desayunar al bar Meson da Ulloa que estaba junto a la pensión donde nos habíamos quedado a dormir. Empezamos la 3ª etapa que es la más larga y dura, con 28,8 km, comenzando en la travesía del peregrino  seguir cruzando varias carreteras y aldeas, para volver a cruzar la N-547. Pasamos por una senda de eucaliptos y robles, después por pistas asfaltada, continuamos por un frondoso bosque y con algún riachuelo, paisajes preciosos y dignos de ver, prados donde pastan y reposan las famosas vacas gallegas y grandes extensiones de campos de cultivo.
   No recuerdo bien si fue este día o el anterior cuando en el camino nos encontramos a una señora que iba sola haciendo el camino, se veía que tenía que ser mayor y hablando con ella le preguntamos la edad, tenía 70 años, como Yolanda, tampoco había nadie que pudiese ir con ella, había ido al médico a hacerse un chequeo y como estaba bien no dejó la ocasión para hacer el Camino, ella decía que ha su edad a saber si podría hacerlo para el año que viene, era sorprendente verla con sus años y con la agilidad con la que andaba, siempre al mismo ritmo con sus bastones, sus botas de montaña y su  mochila. Ella para mi era un ejemplo a seguir y cuando las fuerzas me flaqueaban, me acordaba de esta mujer y me daba fuerzas para continuar, yo decía que si ella  podía,  yo también.
   Después de dejar la provincia de Lugo, pasamos por O Coto primera aldea coruñesa, ya en el concello de Melides. También cruzamos un puente medieval, poco antes de llegar a la ciudad de Melides. Nos habían informado que aquí estaba la pulpería Ezequiel, y que hacían un pulpo a la "gallega" buenísimo, así que fuimos a comprobarlo y era totalmente cierto. Aquí nos encontramos a muchos peregrinos, entre ellos estaban algunos que habíamos entablado amistad con ellos, como uno de Valencia y otro de Alcazar de San Juan. Después de comernos el pulpo y tomarnos el ribeiro, seguimos la marcha atravesando  la ciudad,   cruzar la N-547, pasar por algunas casas y parajes muy bonitos.  Llegamos a una aldea donde estaba la parroquia de Santiago de Boente, donde un párroco muy amable nos sello la credencial y pudimos visitar la parroquia.
    Tras rodear algunos prados llegamos a una dura cuesta, que creo que es la peor de todo el camino. Era tan empinada que no creí que pudiera subirla, pero tenía que hacerlo y sin parar, pues si paraba me iba a costar mucho volver a seguir andando cuesta arriba. Cuando por fin llegamos al final de la cuesta, estábamos sin aliento. Las que primero llegamos nos preguntábamos como podría subir nuestra amiga Manoli, que era la que más le costaba esto de las cuesta y andar, pero por fin la vimos llegar y superar la fuerte prueba. A pocos metros había un bar y allí nos tomamos unas bebidas fresquitas, nos quitamos los zapatos y calcetines para poder refrescar los pies y ponerle un poco de crema y algún antiampollas. Al poco tiempo estando allí nos vimos llegar a la señora de 70 años y ¡tan bien!, no nos lo podíamos creer. Se comió un bocadillo y siguió andando, nosotros lo hicimos  poco después que ella.
   Pasamos por varios albergues antes de llegar  a Arzúa, pero ya teníamos hecha la reserva en la pensión Vilariño Moscoso. Cuando llamamos para confirmar nos dijo que para que no tuviéramos que andar más y subir cuesta, nos venía a recoger su hijo en el concesionario de la Renault. Deseosas de llegar al lugar donde nos venían a recoger, se nos hizo el camino interminable, a cada recodo que llegábamos nos parecía que íbamos a ver el concesionario, era seguir andando y subir cuesta, la llegada se hizo muy pesada. Hasta que por fin lo divisamos con gran alegría y nos pudimos sentar en un poyete a esperar a que nos recogieran. Nos tuvo que llevar a la pensión en dos turnos, que por cierto lo hizo con una rapidez que nos dio miedo por la velocidad con la que llevaba el coche, pero por fin llegamos sanas y salvas a la pensión. Teníamos dos habitaciones, cada una con sus tres camas con sábanas muy limpias, y un cuarto de baño. Hicimos una colada, nos duchamos y nos quedamos un rato a descansar o dormir un poco. Después salimos al pueblo para conocerlo y cenar, que íbamos a ir a un bar que nos habían recomendado pero estaba cerrado y fuimos a una hamburguesería. Entre nosotras había la porfía de si la que trabajaba en el bar era una mujer bastante fea o un hombre afeminado, pero raro. Pero lo raro estuvo cuando Olga fue a ponerle ketchup a su hamburguesa y cuál fue su sorpresa al ver que no había hamburguesa, fue el detonante para morirnos de risa, pero más se rió la susodicha camarera y demás cuando se lo dijimos. Después de cenar nos fuimos cuesta arriba para la pensión y cuando llegamos  la dueña (Sra Manuela) que ya sabíamos que era su cumpleaños estaba despidiendo a sus familiares que habían ido a celebrarlo, nosotras le cantamos el cumpleaños feliz, su hermana también le cantó otra canción y estuvimos hablando con ellas un buen rato.
   Cuando subimos a la habitación llegó  Manuela ofreciéndonos bombones que le habían regalado y cada una cogimos uno, pero ella insistía en que cogiéramos más. Nos preguntó si estábamos cómodas,  que tal nos parecía y como nos iba el camino. La verdad que fue muy amable con nosotras y cariñosa. Nos despedimos de ella y nos deseó ¡buen camino!.



sábado, 20 de noviembre de 2010

3 de septiembre de 2010




   Serían las 6:30 cuando nos levantamos la mayoría de los que estábamos en ese albergue, aunque algunos que también hacían el camino se molestaron, pues era muy temprano.  Fuimos a desayunar a Pensión Arenas, el mismo bar donde habíamos cenado la noche anterior, pues nos dijeron que ellos abrían temprano. Íbamos con las linternas buscando la flecha y continuar la marcha, a pocos metros nos encontramos con una muchacha que iba sola , se nos arrimó y comenzamos a conversar.    Esta chica me contaba que iba sola porque desde hacía tiempo quería hacer el Camino de Santiago pero nunca encontraba la ocasión, hasta que encontró el momento pero no con quien ir, así que  decidió ir sola. Le pregunté si no le daba miedo andar por esos caminos sola, me dijo que ella siempre procuraba entablar conversación con algún grupo de gente para ir acompañada, sobre todo cuando aún era de noche y había pocos peregrinos. Era de Canarias y tenía una niña de once años, hablamos de nuestras hijas, ella había dejado a la suya con su madre. Como nosotros nos teníamos que parar más a menudo por nuestra compañera que le costaba un poco más eso de andar tanto, Yolanda, que así se llamaba, siguió el camino sola cuando ya había amanecido.
  Bajando del pueblo tuvimos que pasar por un puente paralelo al que llegamos, éste era muy estrecho, daba la sensación de ser poco seguro. Y continuamos por una senda entre vegetación, pasamos por alguna aldea con sus antiguos hórreos, estrechas carreteras por el que llegábamos a otro pueblo con sus pequeñas iglesias muy bien conservadas, también pasamos por grandes prados. Todo esto se hacía en un duro ascenso hasta el cruce de el Hospital de la Cruz, aunque en cada subida  que se hacía, luego venía una bajada.
   En la aldea de Ligonde, en el km 73 del Camino de Santiago,  está La fuente del peregrino, es un lugar donde personas voluntarias que pertenecen a una organización cristiana, dan refugio al peregrino. Aquí en su fuente, llenamos de agua fresca nuestras cantimploras   y sellamos la credencial. También está una cruz que señala un antiguo cementerio de peregrinos.
   Durante todo el Camino de Santiago nos encontrábamos muchos peregrinos cada uno de diferentes rincones de España e incluso extranjeros, y era raro que no hubiera  alguno que no te saludase con los "buenos días" y  "buen camino", se siente que todos llevamos un compromiso y una meta a  alcanzar. 
   En cada etapa he ido llevando una piedra que encontraba en el camino de la que más  había, de Sarria a Portomarín cogí una pizarra, de Portomarín a Palas de Rei un trozo de mármol rojo, de Palas a Arzua una de granito, de Arzua a Pedrouzo una de mármol blanco y de Pedrouzo a Santiago un pelote, al final de cada etapa  lo dejaba en el último mojón, mientras por el camino me servía para pasármela de una mano a otra mientras reflexionaba sobre mis  ideas y pensamientos , me ayudaba a equilibrar emocionalmente y recapacitar. Otra compañera, Olga, se había llevado algunas caracolas de la ciudad en la que vivimos como emblema de ésta y la fue depositando en diferentes sitios, en una cruz, en mojones. . .
   Por fin llegamos a Palas de Rei, bajamos unos escalones y llegamos al centro,  pero ahora teníamos que encontrar la pensión Mayte, que estaba un poco a las afuera de la ciudad, pero primero paramos a comer. En la pensión nos atendió un señor mayor muy amable y nos indicó las habitaciones, una por pareja, estaban bastante bien, limpias y espaciosas y un cuarto de baño individual en cada habitación. Pero mientras nos explicaba y nos daba las llaves,nuestra amiga Paqui nos dio un susto, pues  tuvo que tirarse en el suelo,  sintió mareo y su cuerpo no tenía fuerzas. Le pusimos las piernas en alto y la refrescamos con agua,  fue poniéndose mejor hasta que pudo subir a la habitación que compartía conmigo,  al ratito se duchó y se relajó en la cama, después de descansar se encontraba ya bien, la etapa había sido bastante dura.
   Salimos a conocer el pueblo, nos tomamos algunas bebidas y decidimos comprarnos algo para comer en la pensión y dormir tempranito, había sido un día muy agotador.



sábado, 6 de noviembre de 2010

2 de septiembre de 2010




   Nos levantamos temprano sobre las 6:15, nos pusimos la ropa que tenemos preparada para empezar a andar, mallas, camiseta, calcetines antiampollas, zapatos trekking y las mochilas arregladas para cargar con ellas. Arreglamos la habitación y dejamos los colchones en la otra, todo en su sitio. Había dos compañeras que por motivos de salud no podían llevar las mochilas, así que en la pensión contactaron con los encargados de llevárselas al sitio donde íbamos a dormir en Portomarín. Cuando salimos había una neblina bastante espesa que apenas se veía a un par de metros hacia delante, y llegamos a la cafetería Polo a desayunar.         
   Serían las 7:30 cuando emprendimos la marcha hacia el camino que nos llevaría hasta Portomarín, que serían unos 21 km. Girando la esquina de la cafetería empezaba nuestro andar por unas aceras muy bonitas decoradas en mosaicos con motivos del camino (la concha peregrina, el bastón y la calabaza, el botafumeiro, un peregrino), empezamos a ver la primera señal del peregrino con la concha y la flecha amarilla que nos indicaba el camino, una senda rodeada de árboles y matorrales muy frondosos, con unas cuestas bastante pronunciadas, aquí empezamos a ver lo duro del camino, creíamos que éstas eran las peores, pero  nos esperaban otras aun más difícil. Al terminar de estas cuestas llegamos a unos llanos de cultivo cubiertos  un poco por la neblina que aún había, se podían ver los maizales y llanos llenos de girasoles, nos parecía increíble que en esas altura y con el clima de Galicia se pudieran cultivar. Llegamos a una aldea llamada Vilei y en el área de descanso  pusimos nuestro primer sello en la credencial  durante el camino, pues ya teníamos puesto  el de la  Iglesia Mayor de El Puerto y el siguiente fue en el hotel de Sarria. Seguimos caminando por senderos entre frondosos bosques. A media etapa llegamos al bar La bodeguiña de Mercadoiro con una vista preciosa de llanos y montañas, nos tomamos una Estrella Galicia y una empanada para reponer fuerzas. Y seguimos caminando, llegamos a una  aldea donde había un pequeño cementerio que estaba abierto y pudimos entrar, con unos panteones para toda una familia, todo muy bien cuidado. Por el camino tuvimos  algunas deficultades por lo angosto del camino. Nos encontramos a dos mujeres de Canarias que iban solas y siguieron con nosotras hasta llegar a Portomarín., que serían las 3 de la tarde. Aquí tuvimos que cruzar un puente por el que pasaba el río Miño, en sus orillas se podían ver las ruinas de las casas del antiguo pueblo que fue destruido por la crecida del río, el cual lo hicieron, pasando el puente, en una loma. Lo primero que hicimos al llegar fue buscar donde dormir y encontramos el albergue privado O´Mirador que estaba muy bien, pues teníamos una habitación para nosotras sola con 3 literas, aunque los aseos eran compartidos. 
   Después de comer en el mismo albergue, nos duchamos y nos pusimos crema en los pies y piernas, algunas lavamos alguna ropa y después nos quedamos a descansar. Mas tarde salimos a conocer el pueblo, donde había unos jóvenes interpretando danza en la plaza  donde estaba la iglesia. Nos lo pasamos muy bien haciéndonos fotos, pues estábamos eufóricas por la etapa conseguida, nos hicimos una de los pies con las sandalias se podían ver que estaban blanquitos y arrugados de tanto andar. Después de cenar nos volvimos al albergue, esta vez nos quedamos dormidas antes, pues estábamos muy cansadas y a la mañana siguiente nos teníamos que levantar temprano para seguir el camino.

jueves, 21 de octubre de 2010

1 de septiembre de 2010


   Hoy nos levantamos temprano, hemos quedado en reunirnos a las 6 a.m., Mariluz viene con su marido ha recogerme a casa para ir al colegio San Luis Gonzaga donde nos esperan las demás. Llega Paqui en el coche familiar donde vamos todas, somos 6 mujeres dispuestas a hacer el Camino de Santiago. Emprendemos la marcha hacia las 12 horas de carretera que nos quedan para llegar a Sarria, lugar desde donde empezaremos el camino hasta Santiago de Compostela . Durante el viaje tuvimos que parar a echarle agua al vehículo a cada 100 kms., pues al parecer tenía una avería y perdía agua, esto hacía que crecieran los nervios que ya teníamos debido a la emoción de la aventura, además de hacernoslo más largo. Ninguna habíamos hecho el camino antes, pero la ilusión por hacerlo era muy grande para todas, así que cogimos conciencia de ello y nos preparamos tres meses antes, nos íbamos todos los sábados a las 7:30de la mañana a andar unas 4 horas.
   Cuando llegamos a Sarria sobre las 5:30 p.m. fuimos a informarnos a la oficina de turismo para que nos dijeran de algun albergue de la Xunta, pero los dos que había estaban completos, así que elegimos una de las pensiones que había en el plano que nos dieron en turismo, y nos alojamos en la pensión Mar de Plata, que después de mucho buscar por fin encontramos. 
   Después de la cena, que fué en un precioso paseo junto al rio Sarria,  nos volvimos a la pensión, teníamos dos habitaciones en una dormían cuatro de nosotras y en la otra dos, y comprobamos que los colchones de la habitación de las dos camas eran muy tienrnos y nos hundíamos, entonces decidimos, también para que no estuvieramos sola las dos, pasar los colchones a la otra habitación. Fué de lo más gracioso, ya que cogimos los colchones en sigilo pero muertas de risa por lo gracioso de la situación. Esa noche estábamos muy nerviosas porque al día siguiente empezábamos el Camino y era todo risas y nervios, tanto era así que el muchacho que estaba en la habitación contigua aporreó la pared para mandarnos a callar, y aunque nos daba más risa, ya nos calmamos y nos acostamos. Algunas pudieron dormir esa noche más que otras, yo apenas pude pegar ojo.