viernes, 14 de enero de 2011

5 de septiembre de 2010


   Desayunamos en la habitación, ya que no había un bar en los alrededores de la pensión y ninguno que estuviera abierto tan temprano. Al poco de emprender la marcha nuestra compañera Paqui se dio cuenta que no tenía el móvil, sospechando que estaría en la habitación. Tuvo que despertar a Manuela para que le abriera e ir a coger el teléfono, y la señora muy amable no tuvo ningún inconveniente.
   Dimos un pequeño rodeo para encontrar la flecha del camino, pues no nos dimos cuenta de que lo teníamos más cerca. Como casi todos los días amanecían con brumosa neblina, preciosos campos bañados con su espesura y se llenaban de rocío. Pasar por senderos de frondosos bosques con un verde luminoso, ríos y riachuelos, árboles centenarios con una altura vertiginosa.
   Después de dejar el último núcleo habitado del concello de Arzua, cruzamos la carretera  y continuamos para entrar en el concello de O Pino, después de pasar por alguna que otra población y arroyo, seguimos por un sendero donde pasamos junto al recuerdo  Guillermo Watt, que falleció haciendo el camino el 25 de agosto de 1993.
   Pasando por A Brea continuamos por el margen izquierdo de la carretera, llegamos a O Empalme y entramos en le bar del mismo nombre para reponer fuerzas y tomar algo, nos pedimos una empanada y unas Estrella de Galicia. Hubo un lapsus en la compañera que llevaba el dinero comunitario y es que se fue antes con otra, olvidándose de pagar y anda que la del bar no nos quitaba ojo por si nos íbamos las demás y le dejáramos lo debido, pero pagamos y sin problemas. Seguir el camino con el comentario y cachondeo de que se quería ir sin pagar y dejándonos a las demás allí, que si parecía que no había roto un plato ....
   Después de pasar por la población y cruzar la carretera, pasar por eucaliptos y  por un túnel  que por debajo pasa la carretera, llegamos a un denso bosque también de eucaliptos, para volver a pasar por otro túnel, más eucaliptos y por pista asfaltada llegar a O Pedrouzo. Buscamos la pensión Maribel, que nos costó un poco encontrarla pues estaba atravesando el pueblo. Esta estaba bastante bien, teníamos dos habitaciones con tres camas y cuarto de baño, muy bonitas adornadas todo haciendo juego, una de color rosa y otra en turquesa. Después nos fuimos a ver dónde podíamos ir a comer ya que era un poco tarde, entramos en un restaurante que estaba bastante bien pero ya no servian comida a esa hora, así que buscamos otro sitio y decidimos comer en un bar tipo sandwichería. Volvimos a la pensión para ducharnos y descansar o dormir un rato. Sobre las ocho o las nueve nos fuimos a cenar y volvimos a ir al mismo bar pedimos entre otras cosas pimientos del piquillo, una tortilla de papas bien hecha, que aunque estaba por fuera quemada por dentro estaba  cruda y a pesar de que se la llevó para hacerla mejor la trajo igual, también pedimos una de ribeiro y una de Albariño. Nos fuimos a dormir, había sido un día muy agetreado y agotador. además era nuestro penúltimo día de camino.