sábado, 20 de noviembre de 2010

3 de septiembre de 2010




   Serían las 6:30 cuando nos levantamos la mayoría de los que estábamos en ese albergue, aunque algunos que también hacían el camino se molestaron, pues era muy temprano.  Fuimos a desayunar a Pensión Arenas, el mismo bar donde habíamos cenado la noche anterior, pues nos dijeron que ellos abrían temprano. Íbamos con las linternas buscando la flecha y continuar la marcha, a pocos metros nos encontramos con una muchacha que iba sola , se nos arrimó y comenzamos a conversar.    Esta chica me contaba que iba sola porque desde hacía tiempo quería hacer el Camino de Santiago pero nunca encontraba la ocasión, hasta que encontró el momento pero no con quien ir, así que  decidió ir sola. Le pregunté si no le daba miedo andar por esos caminos sola, me dijo que ella siempre procuraba entablar conversación con algún grupo de gente para ir acompañada, sobre todo cuando aún era de noche y había pocos peregrinos. Era de Canarias y tenía una niña de once años, hablamos de nuestras hijas, ella había dejado a la suya con su madre. Como nosotros nos teníamos que parar más a menudo por nuestra compañera que le costaba un poco más eso de andar tanto, Yolanda, que así se llamaba, siguió el camino sola cuando ya había amanecido.
  Bajando del pueblo tuvimos que pasar por un puente paralelo al que llegamos, éste era muy estrecho, daba la sensación de ser poco seguro. Y continuamos por una senda entre vegetación, pasamos por alguna aldea con sus antiguos hórreos, estrechas carreteras por el que llegábamos a otro pueblo con sus pequeñas iglesias muy bien conservadas, también pasamos por grandes prados. Todo esto se hacía en un duro ascenso hasta el cruce de el Hospital de la Cruz, aunque en cada subida  que se hacía, luego venía una bajada.
   En la aldea de Ligonde, en el km 73 del Camino de Santiago,  está La fuente del peregrino, es un lugar donde personas voluntarias que pertenecen a una organización cristiana, dan refugio al peregrino. Aquí en su fuente, llenamos de agua fresca nuestras cantimploras   y sellamos la credencial. También está una cruz que señala un antiguo cementerio de peregrinos.
   Durante todo el Camino de Santiago nos encontrábamos muchos peregrinos cada uno de diferentes rincones de España e incluso extranjeros, y era raro que no hubiera  alguno que no te saludase con los "buenos días" y  "buen camino", se siente que todos llevamos un compromiso y una meta a  alcanzar. 
   En cada etapa he ido llevando una piedra que encontraba en el camino de la que más  había, de Sarria a Portomarín cogí una pizarra, de Portomarín a Palas de Rei un trozo de mármol rojo, de Palas a Arzua una de granito, de Arzua a Pedrouzo una de mármol blanco y de Pedrouzo a Santiago un pelote, al final de cada etapa  lo dejaba en el último mojón, mientras por el camino me servía para pasármela de una mano a otra mientras reflexionaba sobre mis  ideas y pensamientos , me ayudaba a equilibrar emocionalmente y recapacitar. Otra compañera, Olga, se había llevado algunas caracolas de la ciudad en la que vivimos como emblema de ésta y la fue depositando en diferentes sitios, en una cruz, en mojones. . .
   Por fin llegamos a Palas de Rei, bajamos unos escalones y llegamos al centro,  pero ahora teníamos que encontrar la pensión Mayte, que estaba un poco a las afuera de la ciudad, pero primero paramos a comer. En la pensión nos atendió un señor mayor muy amable y nos indicó las habitaciones, una por pareja, estaban bastante bien, limpias y espaciosas y un cuarto de baño individual en cada habitación. Pero mientras nos explicaba y nos daba las llaves,nuestra amiga Paqui nos dio un susto, pues  tuvo que tirarse en el suelo,  sintió mareo y su cuerpo no tenía fuerzas. Le pusimos las piernas en alto y la refrescamos con agua,  fue poniéndose mejor hasta que pudo subir a la habitación que compartía conmigo,  al ratito se duchó y se relajó en la cama, después de descansar se encontraba ya bien, la etapa había sido bastante dura.
   Salimos a conocer el pueblo, nos tomamos algunas bebidas y decidimos comprarnos algo para comer en la pensión y dormir tempranito, había sido un día muy agotador.



sábado, 6 de noviembre de 2010

2 de septiembre de 2010




   Nos levantamos temprano sobre las 6:15, nos pusimos la ropa que tenemos preparada para empezar a andar, mallas, camiseta, calcetines antiampollas, zapatos trekking y las mochilas arregladas para cargar con ellas. Arreglamos la habitación y dejamos los colchones en la otra, todo en su sitio. Había dos compañeras que por motivos de salud no podían llevar las mochilas, así que en la pensión contactaron con los encargados de llevárselas al sitio donde íbamos a dormir en Portomarín. Cuando salimos había una neblina bastante espesa que apenas se veía a un par de metros hacia delante, y llegamos a la cafetería Polo a desayunar.         
   Serían las 7:30 cuando emprendimos la marcha hacia el camino que nos llevaría hasta Portomarín, que serían unos 21 km. Girando la esquina de la cafetería empezaba nuestro andar por unas aceras muy bonitas decoradas en mosaicos con motivos del camino (la concha peregrina, el bastón y la calabaza, el botafumeiro, un peregrino), empezamos a ver la primera señal del peregrino con la concha y la flecha amarilla que nos indicaba el camino, una senda rodeada de árboles y matorrales muy frondosos, con unas cuestas bastante pronunciadas, aquí empezamos a ver lo duro del camino, creíamos que éstas eran las peores, pero  nos esperaban otras aun más difícil. Al terminar de estas cuestas llegamos a unos llanos de cultivo cubiertos  un poco por la neblina que aún había, se podían ver los maizales y llanos llenos de girasoles, nos parecía increíble que en esas altura y con el clima de Galicia se pudieran cultivar. Llegamos a una aldea llamada Vilei y en el área de descanso  pusimos nuestro primer sello en la credencial  durante el camino, pues ya teníamos puesto  el de la  Iglesia Mayor de El Puerto y el siguiente fue en el hotel de Sarria. Seguimos caminando por senderos entre frondosos bosques. A media etapa llegamos al bar La bodeguiña de Mercadoiro con una vista preciosa de llanos y montañas, nos tomamos una Estrella Galicia y una empanada para reponer fuerzas. Y seguimos caminando, llegamos a una  aldea donde había un pequeño cementerio que estaba abierto y pudimos entrar, con unos panteones para toda una familia, todo muy bien cuidado. Por el camino tuvimos  algunas deficultades por lo angosto del camino. Nos encontramos a dos mujeres de Canarias que iban solas y siguieron con nosotras hasta llegar a Portomarín., que serían las 3 de la tarde. Aquí tuvimos que cruzar un puente por el que pasaba el río Miño, en sus orillas se podían ver las ruinas de las casas del antiguo pueblo que fue destruido por la crecida del río, el cual lo hicieron, pasando el puente, en una loma. Lo primero que hicimos al llegar fue buscar donde dormir y encontramos el albergue privado O´Mirador que estaba muy bien, pues teníamos una habitación para nosotras sola con 3 literas, aunque los aseos eran compartidos. 
   Después de comer en el mismo albergue, nos duchamos y nos pusimos crema en los pies y piernas, algunas lavamos alguna ropa y después nos quedamos a descansar. Mas tarde salimos a conocer el pueblo, donde había unos jóvenes interpretando danza en la plaza  donde estaba la iglesia. Nos lo pasamos muy bien haciéndonos fotos, pues estábamos eufóricas por la etapa conseguida, nos hicimos una de los pies con las sandalias se podían ver que estaban blanquitos y arrugados de tanto andar. Después de cenar nos volvimos al albergue, esta vez nos quedamos dormidas antes, pues estábamos muy cansadas y a la mañana siguiente nos teníamos que levantar temprano para seguir el camino.