Serían las 6:30 cuando nos levantamos la mayoría de los que estábamos en ese albergue, aunque algunos que también hacían el camino se molestaron, pues era muy temprano. Fuimos a desayunar a Pensión Arenas, el mismo bar donde habíamos cenado la noche anterior, pues nos dijeron que ellos abrían temprano. Íbamos con las linternas buscando la flecha y continuar la marcha, a pocos metros nos encontramos con una muchacha que iba sola , se nos arrimó y comenzamos a conversar. Esta chica me contaba que iba sola porque desde hacía tiempo quería hacer el Camino de Santiago pero nunca encontraba la ocasión, hasta que encontró el momento pero no con quien ir, así que decidió ir sola. Le pregunté si no le daba miedo andar por esos caminos sola, me dijo que ella siempre procuraba entablar conversación con algún grupo de gente para ir acompañada, sobre todo cuando aún era de noche y había pocos peregrinos. Era de Canarias y tenía una niña de once años, hablamos de nuestras hijas, ella había dejado a la suya con su madre. Como nosotros nos teníamos que parar más a menudo por nuestra compañera que le costaba un poco más eso de andar tanto, Yolanda, que así se llamaba, siguió el camino sola cuando ya había amanecido.
Bajando del pueblo tuvimos que pasar por un puente paralelo al que llegamos, éste era muy estrecho, daba la sensación de ser poco seguro. Y continuamos por una senda entre vegetación, pasamos por alguna aldea con sus antiguos hórreos, estrechas carreteras por el que llegábamos a otro pueblo con sus pequeñas iglesias muy bien conservadas, también pasamos por grandes prados. Todo esto se hacía en un duro ascenso hasta el cruce de el Hospital de la Cruz, aunque en cada subida que se hacía, luego venía una bajada.
En la aldea de Ligonde, en el km 73 del Camino de Santiago, está La fuente del peregrino, es un lugar donde personas voluntarias que pertenecen a una organización cristiana, dan refugio al peregrino. Aquí en su fuente, llenamos de agua fresca nuestras cantimploras y sellamos la credencial. También está una cruz que señala un antiguo cementerio de peregrinos.
Durante todo el Camino de Santiago nos encontrábamos muchos peregrinos cada uno de diferentes rincones de España e incluso extranjeros, y era raro que no hubiera alguno que no te saludase con los "buenos días" y "buen camino", se siente que todos llevamos un compromiso y una meta a alcanzar.
En cada etapa he ido llevando una piedra que encontraba en el camino de la que más había, de Sarria a Portomarín cogí una pizarra, de Portomarín a Palas de Rei un trozo de mármol rojo, de Palas a Arzua una de granito, de Arzua a Pedrouzo una de mármol blanco y de Pedrouzo a Santiago un pelote, al final de cada etapa lo dejaba en el último mojón, mientras por el camino me servía para pasármela de una mano a otra mientras reflexionaba sobre mis ideas y pensamientos , me ayudaba a equilibrar emocionalmente y recapacitar. Otra compañera, Olga, se había llevado algunas caracolas de la ciudad en la que vivimos como emblema de ésta y la fue depositando en diferentes sitios, en una cruz, en mojones. . .
Por fin llegamos a Palas de Rei, bajamos unos escalones y llegamos al centro, pero ahora teníamos que encontrar la pensión Mayte, que estaba un poco a las afuera de la ciudad, pero primero paramos a comer. En la pensión nos atendió un señor mayor muy amable y nos indicó las habitaciones, una por pareja, estaban bastante bien, limpias y espaciosas y un cuarto de baño individual en cada habitación. Pero mientras nos explicaba y nos daba las llaves,nuestra amiga Paqui nos dio un susto, pues tuvo que tirarse en el suelo, sintió mareo y su cuerpo no tenía fuerzas. Le pusimos las piernas en alto y la refrescamos con agua, fue poniéndose mejor hasta que pudo subir a la habitación que compartía conmigo, al ratito se duchó y se relajó en la cama, después de descansar se encontraba ya bien, la etapa había sido bastante dura.
Salimos a conocer el pueblo, nos tomamos algunas bebidas y decidimos comprarnos algo para comer en la pensión y dormir tempranito, había sido un día muy agotador.
Durante todo el Camino de Santiago nos encontrábamos muchos peregrinos cada uno de diferentes rincones de España e incluso extranjeros, y era raro que no hubiera alguno que no te saludase con los "buenos días" y "buen camino", se siente que todos llevamos un compromiso y una meta a alcanzar.
En cada etapa he ido llevando una piedra que encontraba en el camino de la que más había, de Sarria a Portomarín cogí una pizarra, de Portomarín a Palas de Rei un trozo de mármol rojo, de Palas a Arzua una de granito, de Arzua a Pedrouzo una de mármol blanco y de Pedrouzo a Santiago un pelote, al final de cada etapa lo dejaba en el último mojón, mientras por el camino me servía para pasármela de una mano a otra mientras reflexionaba sobre mis ideas y pensamientos , me ayudaba a equilibrar emocionalmente y recapacitar. Otra compañera, Olga, se había llevado algunas caracolas de la ciudad en la que vivimos como emblema de ésta y la fue depositando en diferentes sitios, en una cruz, en mojones. . .
Por fin llegamos a Palas de Rei, bajamos unos escalones y llegamos al centro, pero ahora teníamos que encontrar la pensión Mayte, que estaba un poco a las afuera de la ciudad, pero primero paramos a comer. En la pensión nos atendió un señor mayor muy amable y nos indicó las habitaciones, una por pareja, estaban bastante bien, limpias y espaciosas y un cuarto de baño individual en cada habitación. Pero mientras nos explicaba y nos daba las llaves,nuestra amiga Paqui nos dio un susto, pues tuvo que tirarse en el suelo, sintió mareo y su cuerpo no tenía fuerzas. Le pusimos las piernas en alto y la refrescamos con agua, fue poniéndose mejor hasta que pudo subir a la habitación que compartía conmigo, al ratito se duchó y se relajó en la cama, después de descansar se encontraba ya bien, la etapa había sido bastante dura.
Salimos a conocer el pueblo, nos tomamos algunas bebidas y decidimos comprarnos algo para comer en la pensión y dormir tempranito, había sido un día muy agotador.
